Colaboraciones
17 de noviembre de 2008
Bicicletas y seguridad
Juanma Hernandez-Ekologistak Martxan
El ayuntamiento de Iruña va a realizar una serie de cambios en la normativa que regula el uso de la bicicleta por la ciudad. Uno de los puntos más polémicos es la posibilidad de circular por la acera a escasa velocidad y dejando un metro de distancia con respecto al peatón. Se han dejado notar especialmente las voces en contra de esta futura medida. Consideran que pondrá en peligro la seguridad de los peatones y sentencian que es la calzada el único lugar por el que deben circular las bicicletas. Los hay, también, quienes aprovechan la polémica para dar recetas económicas de contención del gasto público, cuando afirman que los carriles bicis son innecesarios porque su uso en nuestra ciudad es minoritario. Imagino que el dinero público, destinado a eliminar obstáculos arquitectónicos a fin de favorecer la movilidad de los discapacitados físicos, también será para ellos un despilfarro.
Pues bien, lo que está claro es precisamente lo que se oculta. Los ciclistas somos los que de verdad corremos peligro. El uso minoritario de la bicicleta no se debe a las fatigosas cuestas sino a la falta de seguridad para el ciclista, debida al diseño de la ciudad por y para el coche. Estoy de acuerdo en que a falta de más carriles bici la calzada es el lugar que corresponde a coches y bicicletas. El problema está en que no todo el mundo está dispuesto a jugarse la vida en la bicicleta y a menudo recurrimos a la acera para mayor comodidad y tranquilidad. Hay que recordar que los ciclistas lejos de ocasionar accidentes mortales somos junto al peatón la parte más vulnerable. Por si fuera poco, en algunas ocasiones, debemos aguantar el menosprecio y falta de respeto de automovilistas que nos tratan como invasores de “su asfalto”.
Los ciclistas no estamos exentos de culpa y en ocasiones nuestra conducción no es la más adecuada. La nueva normativa puede establecer con más claridad cuales son nuestros derechos y obligaciones en la bicicleta. Nuestros gobernantes también deberían ponerse las pilas dotando a la ciudad de una red de carriles bici segura y eficaz, que conecte sus barrios y los pueblos cercanos.
Una vez más hay que insistir en la idea de que andar en bici tiene muchos beneficios. Ganas en salud, ahorras y no contaminas. En definitiva una práctica saludable, que además contribuye a frenar el principal problema de este planeta, que no es otro que el cambio climático.






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